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Category: Amistad (página 2 de 2)

El perro y el conejo

Cuento del perro y el conejoEran dos vecinos. Uno de ellos le compró un conejo a sus hijos. Y el otro vecino compró un cachorro de pastor alemán.

– ¡Pero él se comerá a mi conejo!
– De ninguna forma. Piensa, que mi pastor es cachorro. Crecerán juntos, serán amigos. Entiendo de animales. No habrá problemas.

Y, parece que el dueño del perro tenía razón. Juntos crecieron y amigos se volvieron. Era normal ver el conejo en el patio del perro y al revés. Los niños estaban felices con la armonía que había entre los dos animales.

Un día, el dueño del conejo fue a pasar un fin de semana en la playa con su familia y el conejo se quedó solo. Era un viernes.

El domingo por la tarde, el dueño del perro y su familia tomaban la merienda, cuando entró el pastor alemán a la cocina. Traía el conejo entre los dientes, lleno y sucio de sangre y tierra, estaba muerto.

Casi mataron al perro de tanto pegarle. Seguir leyendo

Historia para niños grandes

Historia para niños grandes por teléfonoYo era todavía un niño pequeño. Entre las muchas cosas que me intrigaban estaba el viejo teléfono, que en esa época era un armatoste de color negro. Lo que más me intrigaba era que en su interior vivía un pequeño genio, muy inteligente y amable que sabía todas las cosas:

-la hora que era, el tiempo que haría al día siguiente, el horario de los trenes, los teléfonos de los amigos de mis padres, y su amabilidad para decir todo lo que mis padres deseaban comunicarles.

Deseaba mucho conocer el nombre de este mago chiquito así que me puse a escuchar todo lo que mi madre le decía, hasta que descubrí que ella lo llamaba:
“Informeporfavor”.

Las cosas mágicas siempre tienen nombres largos, como “abracadabra”.

Mi primer contacto con “Informeporfavor” se produjo un día que nunca olvidaré, cuando mi madre visitaba a una vecina y me dejó solo por unos minutos.

Ese día lo aproveché para bajar al sótano, donde mi padre tenía su tallercito casero.

Me puse a golpear con el martillo hasta que me di tal martillazo en un dedo que éste se hinchó hasta parecerse a una morcilla. Seguir leyendo

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