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Cuento de los dos hermanos

A la muerte de su padre dos hermanos procedieron a dividir las tierras equitativamente, cada uno se quedó con su parte y se dedicaron a la labranza y las tareas del cultivo del maíz.
Con el pasar del tiempo Santiago se casó y tuvo seis hijos. Rodrigo no se casó y no tenía familia. Cada noche pasaba las horas en vela pensando que era injusto que las tierras estuvieran divididas a la mitad pues su hermano tenía una familia numerosa que debía alimentar y vestir y él necesitaba más maíz.  Una noche por fin decidió ir a su granero, tomó cuatro costales de maíz y atravesando la distancia que dividía las dos granjas, a escondidas dejó las bolsas en el granero de su hermano. Regresó a casa sintiéndose feliz, pues sus sobrinos tendrían lo necesario. Esa noche durmió profundamente.
cuento de los dos hermanosAl mismo tiempo Santiago pensaba en su hermano Rodrigo y se decía, “No es justo que las tierras estén divididas a la mitad. Yo tengo seis hijos que verán por mí y mi esposa en nuestra vejez, mientras que Rodrigo no tendrá a nadie que le dé sustento. Debería tener más maíz que yo para estar tranquilo en su ancianidad”.  Así pues decidió ir a su depósito, tomó cuatro costales de maíz; cruzó la colina y los dejó en el depósito de Rodrigo.  De regreso a su casa se sintió satisfecho y durmió profundamente.
 Pero al día siguiente, uno y otro en su casa se quedaron sorprendidos al comprobar que tenían exactamente la misma cantidad de maíz que el día anterior. Los dos pensaron que tal vez no habían llevado la cantidad que suponían, por lo que esa noche decidieron, cada uno por su cuenta, llevar seis sacos en vez de cuatro.
Cuando salió el sol, los dos hermanos no salían de su asombro comprobando que tenían la misma cantidad de maíz, y en consecuencia ambos decidieron esa misma noche cargar una carreta con una mayor cantidad de sacos y llevarla en medio de la noche a la casa del hermano.
Iba en camino Rodrigo con su carreta cargada cuando a lo lejos divisó otra carreta que se acercaba en la dirección contraria. ¿Quién podría ser a esas horas de la madrugada? Pero cuando los hermanos se reconocieron comprendieron de inmediato lo que había sucedido las noches anteriores, intercambiando costales de maíz entre los depósitos.  Sin decir palabra bajaron de su carreta y se dieron un largo y fuerte abrazo.
En la bondad se encierran todos los géneros de sabiduría.   Ernesto Sábato
Extraido de: necesitodetodos.org

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